El Acuario

Había una vez un acuario y sus habitantes, todos iguales, todos distintos.

Así empieza un álbum ilustrado que conquista desde la portada hasta el fondo de su maravillosa pecera. De la mano de Hércules Ediciones, escrito por João Pedro Mésseder e ilustrado por Célia Fernandes; os presento «El Acuario». En mis manos «O Acuario» na miña lingua galega, con la misma esencia pero con nuestra morriña gallega.

Todo empieza en un acuario; no uno cualquiera sino el de la casa de un niño que vive fascinado mirando el agua, los peces y la magia que tiene en su interior. En él, además de piedras, plantas, conchas y muucha agua había un pez rojo, precioso por fuera y más por dentro, y también tres peces azules.

Cada uno de ellos diferente, por su físico y su carácter, pero que convivían en ese gran acuario. Los tres azules no apreciaban al pez rojo, iban en su contra, lo desplazaban, se alejaban para jugar y nunca le dejaban comida. Él se sentía triste y solo, sin ánimo y perdiendo peso por no tener comida para coger ya que siempre se adelantaban y nunca tenía suficiente para llenar su barriga.

El pez rojo perdía su color, sus ganas de jugar, de nadar y cada día estaba más apagado. A nadie le importaba, nadie se daba cuenta y sus tres compañeros de espacio no querían acercarse ni compartir momentos de juego.

Un día, de repente, llegó otro pez. Más grande, más oscuro, ni rojo ni azul. Parecía valiente, fuerte y con muchas ganas de disfrutar de su nuevo hogar. El pez rojo lo miraba en la distancia pensando en que tendría aún menos comida; los azules se alejaban por miedo, no querían acercarse y le dejaban comer primero. Él que era muy listo observó a cada uno de ellos, comió y al final, se acercó al pez rojo.

Le dijo que el próximo día iría con él a comer, que luego se acercarían a descansar a una gran concha y que serían compañeros de juego. ¡Qué felicidad! El pez rojo volvió a comer, recuperar peso, ganar color en sus escamas, sonreír y nadar. Hicieron carreras, disfrutaron del acuario, viajaron por todos sus rincones y se hicieron grandes amigos.

Sin embargo todo cambió cuando el gran pez enfermó, tras él también los azules y solo el pez rojo quedaba bien. Cuando empezó a perder fuerzas también y ver que sus compañeros no mejoraban llamó la atención de sus dueños, les estaba pidiendo ayuda a su manera, y consiguió que los ayudasen.

Todos empezaron a mejorar, a recuperar color, a tener ganas de jugar y al final, formaron un buen equipo gracias al pez rojo. Los azules se volvieron buenos, el pez grande estaba mejorando y el pez rojo se sentía feliz. No solo comía, ahora tenía amigos y el acuario volvía a ser un hogar.

¿Qué pasaría al final? Os animo a conocer esta historia, a sumergiros en este acuario mágico y a acercaros al fondo para descubrir el final oculto, ¿dónde? en el agua del fondo marino.

  • Una historia para creer, para alejarse de los estereotipos o prejuicios, para ayudar a los demás, para no dejar a nadie a un lado, para no criticar y abrazar las historias con buen fondo, para abrir la mente a lo bueno, para ser y entender, para empatizar y para ir más allá de lo que vemos.
  • Un acuario con fondo, pero no solo marino, sino lleno de valores, de colores y de buenas acciones.
  • Un álbum ilustrado de diez que os permitirá valorar más a los que tenéis al lado y para cuidarlos siempre. Que os dejará querer y apreciar a los demás sin hacer prejuicios y que os permitirá abrir puertas y ser más felices.

¿Qué podemos hacer con este cuento?

*Un cuadro marino: Crear nuestros propios peces, dar color a un fondo blanco, pegar con silicona líquida y llenar de piedras, hojas o algas el resto del cuadro. El nuestro está empezado, le faltan detalles por añadir pero está en proceso de ser un acuario lleno de vida.

*¿Y tú, de qué color quieres?: Un juego para aprender a empatizar, para no juzgar y para abrir puertas como en el cuento. Nos pondremos por parejas, cada uno de nosotros elegirá un color y tendrá que intentar convencer al de enfrente de que su color es mejor. Al no llegar a acuerdo, veremos que no por gustarnos algo diferente tendremos que dejar de querernos.

*Mural del «te quiero»: Con papel continuo cubriremos una pared del aula (o de casa) e iremos colocando peces de acciones. Por ejemplo: «Me gusta cantar» «Me gusta  jugar al fútbol» e iremos practicando cada día una de esas para ponernos en el lugar del otro, probar cosas nuevas y no juzgar sin intentarlo.

Habrá muchas más ideas pero ahora sois vosotros los que las vais a contar. Os leo y os recomiendo mucho esta gran historia.

Nos seguimos leyendo, entre reseñas y cuentos!

Gracias y hasta pronto 🙂

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